Y había un cubículo en el espacio que nosotros habitábamos.
De brillantes plumas de seda fue nuestro aposento.
Aire de sueños respirábamos los dos.
Y desnudos con el pecho unido, ondeando hacia el cielo tocábamos a Dios.
Hubo un beso tan l a r g o entre tantos besos.
Que nuestros labios se dilataron.
Tu lengua no supo si era tuya o mía.
Mi lengua no supo si era mía o tuya.
Hubo un abrazo tan vigoroso entre tantos abrazos.
Que de las costillas de los dos no quedó ni una.
Cayendo a nuestros pies, polvo blanco se hicieron.
Hubo una mirada tan recóndita entre cientos de miradas.
Que nuestros ojos se fusionaron;
Y Tú mirabas lo que Yo.
Y Yo miraba lo que Tú.
Hubo un amor en el tiempo que fue nuestro.
Un amor en el espacio que fue nuestro.
En el cubículo que habitábamos los tres:
Tú. Yo...¡El amor!
El amor no quiso seguir a ninguno de los dos.
Se quedó solo. Ocupando el hueco que dejamos Tu y Yo.
A esperar su destino.
Hubo un amor tan intenso entre tantos amores.
Que el amor al saberse abandonado.
¡Decidió morirse en ti!
¡Y abandonarne a mí¡